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<H2 class=title><FONT size=7>Los ejércitos secretos de la OTAN</FONT></H2>
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<TD><SPAN class=style2><STRONG>Autor: </STRONG><A
href="http://contralinea.info/archivo-revista/index.php/author/voltaire/"
tip="Entradas de Red Voltaire"><FONT color=#3c78a7><STRONG>Red
Voltaire</STRONG></FONT></A><FONT size=6><STRONG>
</STRONG></FONT></SPAN></TD>
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<DIV align=right><SPAN class=style1><STRONG>Sección: </STRONG><A
href="http://contralinea.info/archivo-revista/index.php/category/linea-global/"
rel="category tag" tip="Ver todas las entradas en Línea Global"><FONT
color=#3c78a7><STRONG>Línea Global</STRONG></FONT></A><FONT
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<TD><STRONG><FONT size=7>(II)</FONT></STRONG> </TD>
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<DIV class="entry clearfloat">
<P class=MsoNormal><STRONG><FONT size=4>En la lucha contra el comunismo, la OTAN
cometió actos terroristas en el propio Reino Unido (atentados bajo bandera falsa
y asesinatos de republicanos irlandeses), en Europa continental (principalmente
en Francia, en los países del Benelux, en los países nórdicos y hasta en la
neutral Suiza), así como en África y Asia (por ejemplo, para dirigir la masacre
de las poblaciones francófonas que cometieron los Khmers rojos en Cambodia). Los
gobernantes siempre supieron de las operaciones clandestinas</FONT></STRONG></P>
<P class=MsoNormal><SPAN id=more-5007></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX>Daniele Ganser* / Red Voltaire / Séptima
parte</SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>La verdad definitiva sobre la Guerra
Fría no se escribirá nunca porque la historia evoluciona constantemente en
función de las sociedades que la hacen y la estudian. Los historiadores de
numerosos países están de acuerdo, sin embargo, en que el hecho más importante
de aquel periodo fue, desde el punto de vista de los occidentales, la lucha
contra el comunismo a escala planetaria.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>En ese combate, que marcó la
historia del siglo XX como pocos sucesos lo han hecho, la antigua superpotencia
colonial británica tuvo que renunciar a su hegemonía en beneficio de Estados
Unidos. Este último país utilizó la lucha contra el comunismo para acrecentar su
propia influencia década tras década. Después del derrumbe de la Unión
Soviética, acontecimiento que puso fin a la Guerra Fría en 1991, el imperio
estadunidense garantizó para sí mismo un predominio jamás visto anteriormente en
toda la historia.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>En Gran Bretaña, el
<EM>establishment</EM> conservador experimentó una profunda conmoción en 1917
cuando, por primera vez en la historia de la humanidad, se produjo la aparición
de un régimen comunista en un lejano pero extenso país agrícola. Después de la
Revolución Rusa, los comunistas asumieron el control de las fábricas y
anunciaron que los medios de producción serían en adelante propiedad del pueblo.
En la mayoría de los casos, los inversionistas lo perdieron
todo.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>En su obra <EM>Los orígenes de la
Guerra Fría</EM>, el historiador Denna Frank Fleming observó que muchos de los
cambios sociales que aportó la Revolución de Octubre, como la abolición de los
cultos y de la nobleza campesina, “hubiesen podido ser aceptados por los
conservadores, en el extranjero, con el paso del tiempo, pero nunca la
nacionalización de la industria, del comercio y de la tierra”. El ejemplo de la
Revolución Rusa no fue seguido en ninguna parte. “J.B. Priestly dijo un día que
la mentalidad de los conservadores ingleses se había cerrado en el momento de la
Revolución Rusa y no ha vuelto a abrirse desde entonces”.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>Ampliamente ignorada en el oeste, la
guerra secreta contra el terrorismo comenzó por lo tanto inmediatamente después
de la Revolución Rusa, cuando Gran Bretaña y Estados Unidos instauraron
ejércitos secretos contra los nuevos países satélites de la Unión Soviética.
Entre 1918 y 1920, Londres y Washington se aliaron a la derecha rusa y
financiaron una decena de intervenciones militares en suelo soviético. Ninguna
de ellas logró derrocar a los nuevos dirigentes. Pero sí dieron lugar a que las
elites comunistas y el dictador Stalin albergaran profundas sospechas en cuanto
a las intenciones del occidente capitalista.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>Durante los años subsiguientes, la
Unión Soviética reforzó su aparato de seguridad hasta convertirse en un Estado
totalitario que no vacilaba en arrestar en su suelo a los extranjeros
sospechosos de ser agentes del oeste. Al hacerse evidente que derrocar el
régimen comunista en Rusia no era tarea fácil, Gran Bretaña y sus aliados
dedicaron sus esfuerzos a impedir que el comunismo se extendiera a otros
países.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>En julio de 1936, el dictador
fascista Francisco Franco intentó un golpe de Estado contra el gobierno de la
izquierda española y, en el transcurso de la subsiguiente Guerra Civil, eliminó
a la oposición y a los comunistas españoles. Gozó para ello del silencioso apoyo
de los gobiernos de Londres, Washington y París. Si no hubo lucha contra el
ascenso de Adolfo Hitler al poder, fue en gran parte porque Hitler apuntaba
contra el enemigo correcto: el comunismo soviético. Durante la Guerra Civil
Española se permitió que los ejércitos de Hitler y de Mussolini bombardearan
libremente a la oposición republicana.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>Después de haber desencadenado la
Segunda Guerra Mundial, Hitler lanzó contra Rusia tres grandes ofensivas, en
1941, 1942 y 1943, que estuvieron a punto de asestar al bolchevismo un golpe
fatal. Entre todas las partes beligerantes, fue la Unión Soviética la que pagó
el más alto tributo: 15 millones de muertos entre la población civil, 7 millones
de muertos entre los soldados y 14 millones de heridos.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>Según los historiadores rusos,
haciendo caso omiso a los urgentes pedidos de Moscú, Estados Unidos –país que
perdió 300 mil hombres en la liberación de Europa y Asia– se puso de acuerdo con
Gran Bretaña para no abrir un segundo frente en el oeste, lo cual hubiese
obligado a Alemania a movilizar tropas en esa dirección y, por consiguiente, a
disminuir el número de efectivos alemanes en el frente ruso. La correlación de
fuerzas no se invirtió sino después de Stalingrado, donde el Ejército Rojo
finalmente se impuso a los alemanes y comenzó su avance hacia el oeste. Esto
explica, también según los historiadores rusos, que los Aliados, temerosos de
perder terreno, abrieran entonces rápidamente un segundo frente y, después de
desembarcar en Normandía, salieran al encuentro de los soviéticos en
Berlín.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>Los historiadores británicos
atestiguan la existencia de toda una serie de intrigas sucesivas que han
influido en la conformación de los demás países y del suyo propio. “La
Inglaterra moderna siempre ha sido un centro de subversión –a los ojos de los
demás, pero no a los suyos propios”, observó Mackenzie después de la Segunda
Guerra Mundial–. “Lo que determina la existencia de ese espejo con dos caras: de
un lado encontramos la percepción que existe en el extranjero de una Inglaterra
intrigante, sutil y totalmente secreta, y del otro, una imagen de honestidad, de
simplicidad y de indulgencia que comparte la mayoría de los súbditos”. Para
Mackenzie, la legendaria guerra secreta que practican los británicos tiene su
origen “en la historia de las ‘pequeñas guerras’ que conformaron la historia del
imperio británico”.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>Antes de la Segunda Guerra Mundial,
los estrategas del Ministerio de Defensa británico llegaron a la conclusión de
que sus operaciones secretas debían “inspirarse de la experiencia adquirida en
la India, en Irak, en Irlanda y en Rusia, es decir, desarrollar una guerrilla
con técnicas de combate similares a las del Ejército Republicano Irlandés (IRA,
por sus siglas en inglés)”.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>En marzo de 1938, poco después de la
anexión de Austria por parte de Hitler, se creó en el seno del MI6 (Servicio de
Inteligencia Secreto de Gran Bretaña) un nuevo departamento, llamado Sección D y
encargado de desarrollar operaciones de subversión en Europa. La Sección D
comenzó a formar comandos de sabotaje <EM>stay-behind</EM> en los países que se
encontraban bajo la amenaza de agresión alemana. En 1940, cuando parecía
inminente la invasión del sur de Inglaterra, la “Sección D se dio a la tarea de
diseminar reservas de armas y agentes reclutadores a través de toda Gran
Bretaña, sin informarlo a nadie”.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>El reclutamiento y la dirección de
los agentes <EM>stay-behind</EM> por parte de los miembros de la Sección D
parecían desarrollarse en el mayor secreto: “La apariencia de aquellos
desconocidos [los agentes de la Sección D] con sus trajes y sus autos negros, y
la misteriosa impresión que dejaban no tardaron en inquietar a la población”,
recuerda Peter Wilkinson, un exagente del Special Operations Executive (SOE).
Los agentes secretos enfurecían también a “los responsables militares al negarse
sistemáticamente a explicar las razones de su presencia o a hablar del contenido
de sus misiones y al afirmar únicamente que todo aquello era altamente
confidencial”.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>Medio siglo más tarde, la exposición
del Imperial War Museum de Londres, dedicada a las “guerras secretas”, reveló al
público cómo “la Sección D del MI6, conforme a la doctrina <EM>stay-behind</EM>,
también había creado en Inglaterra ejércitos de resistencia bautizados ‘Unidades
Auxiliares’, equipados con armas y explosivos”. Esas primeras unidades Gladio de
Gran Bretaña “recibieron un entrenamiento especial y aprendieron a operar detrás
de las líneas enemigas según la hipótesis de que los alemanes invadiesen la
isla. Gracias a una red de escondites secretos y de alijos de armas, debían
realizar acciones de sabotaje y de guerrilla contra el ocupante
alemán”.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>Como nunca se produjo la invasión,
no se sabe si aquel plan hubiese funcionado. Pero en agosto de 1940, “un
ejército bastante heteróclito” pudo desplegarse a lo largo de los litorales
ingleses y escoceses del Mar del Norte, en los lugares más vulnerables a una
posible invasión.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>La zona de acción de la Sección D
del MI6 se limitaba inicialmente al territorio británico. Así fue hasta julio de
1940, cuando el primer ministro británico Winston Churchill ordenó la creación
de un ejército secreto bautizado con la denominación de SOE y destinado a
“incendiar Europa, apoyando a los movimientos de resistencia y realizando
operaciones de subversión en territorio enemigo”.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>Un memorando del Ministerio de
Guerra, fechado el 19 de julio de 1940, indica que: “El primer ministro ha
decido también, después de consultar a los ministerios interesados, que una
nueva organización debe crearse inmediatamente con la misión de coordinar todas
las acciones de subversión y de sabotaje dirigidas contra el enemigo fuera del
territorio nacional”. El SOE se puso bajo el mando de Hugh Dalton, ministro de
la Economía de Guerra.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>Cuando los alemanes, después de la
invasión de Francia, parecían haberse instalado allí por largo tiempo, el
ministro Dalton señaló la necesidad de emprender una guerra secreta contra las
fuerzas alemanas en los territorios ocupados: “Debemos organizar, en el interior
de los territorios ocupados, movimientos comparables al Sinn Fein en Irlanda, a
la guerrilla china que lucha actualmente contra Japón, a los irregulares
españoles que desempeñaron un papel nada despreciable en la campaña de
Wellington o, por qué no reconocerlo, movimientos comparables a las
organizaciones que tan notablemente han desarrollado los propios nazis en casi
todos los países del mundo”.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>Parecía evidente que los británicos
no podían darse el lujo de no prestar atención a la vía de la guerra
clandestina. Dalton agregó: “Esta ‘internacional democrática’ debe emplear
diferentes métodos, incluyendo el sabotaje contra las instalaciones industriales
y militares, la agitación sindical y la huelga, la propaganda constante, los
atentados terroristas contra los traidores y los dirigentes alemanes, el boicot
y los motines”. Era necesario, por lo tanto, establecer, en el mayor secreto,
una red de resistencia, recurriendo a los elementos más aventureros del ejército
y de la inteligencia británicos: “Lo que necesitamos es una nueva organización
que coordine, inspire, supervise y asista a las redes de los países ocupados que
tendrán que ser los actores directos. Para ello tendremos que poder contar con
la más absoluta discreción, con una buena dosis de entusiasmo fanático, con la
voluntad de cooperar con personas de diferentes nacionalidades y con el apoyo
incondicional del poder político”.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>Bajo la protección del ministro
Dalton, el comando operacional del SOE fue puesto en manos del general de
división Sir Colin Gubbins, un hombrecito seco y flaco y con bigote, originario
de los Highlands, que desempeñaría en adelante un papel determinante en la
creación del Gladio británico. “El problema y su solución consistían en
estimular y permitir que los pueblos de los países ocupados perjudicaran en la
mayor medida posible el esfuerzo de guerra alemán a través del sabotaje, la
subversión, negándose a trabajar, realizando operaciones relámpago, etcétera”,
describió Gubbins, “y, al mismo tiempo, preparar en territorio enemigo fuerzas
secretas organizadas, armadas y entrenadas que solamente debían intervenir en el
momento del asalto final”. El SOE era en realidad el precursor de la Operación
Gladio, puesto en marcha en medio de la Segunda Guerra Mundial. Gubbins resume
este ambicioso proyecto en los siguientes términos: “A fin de cuentas, aquel
plan consistía en hacer llegar a las zonas ocupadas un gran número de hombres e
importantes cantidades de armas y explosivos”.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>El SOE empleaba gran parte de los
efectivos de la Sección D y acabó convirtiéndose en una organización de gran
envergadura, que contaba en sus filas con más de 13 mil hombres y mujeres y
operaba en el mundo entero en estrecha colaboración con el MI6. Aunque realizó
varias misiones en el Extremo Oriente, desde bases de retaguardia situadas en la
India y en Australia, el principal <EM>teatro</EM> de operaciones del SOE seguía
siendo el oeste de Europa, donde se dedicaba casi exclusivamente a la creación
de ejércitos secretos nacionales.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>El SOE estimulaba el sabotaje y la
subversión en los territorios ocupados y establecía núcleos de hombres
entrenados capaces de prestar asistencia a los grupos de resistencia en la
reconquista de sus respectivos países. “El SOE fue durante cinco años el
principal instrumento de intervención de Gran Bretaña en las cuestiones
políticas internas de Europa”, precisa el informe del British Cabinet Office,
“un instrumento extremadamente poderoso” ya que era capaz de ejecutar gran
cantidad de tareas. “Mientras el SOE estuviese en acción, ningún político
europeo podía creer en la renuncia o la derrota de los
británicos”.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>Oficialmente, el SOE fue disuelto y
su dirección dimitió en enero de 1846, es decir, poco después del fin de la
Segunda Guerra Mundial. Pero Sir Steward Menzies, quien dirigió el MI6 desde
1939 hasta 1952, no tenía intenciones de renunciar a un instrumento tan
interesante como el ejército secreto, sobre todo teniendo en cuenta que el
director del Departamento de Operaciones Especiales del MI6 aseguraba que las
acciones clandestinas de Gran Bretaña iban a proseguir durante la Guerra Fría.
El informe del gobierno sobre el SOE, documento que se mantuvo en secreto
durante un tiempo, concluyó que: “Es casi seguro que, bajo una u otra forma,
habrá que reinstaurar el SOE en una guerra futura”.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>Los objetivos a largo plazo del SOE
y de su sucesora, la Special Operations Branch (SOB) del MI6, aprobados de forma
provisional por el Consejo del Estado Mayor británico el 4 de octubre de 1945,
preveían en primer lugar la creación del esqueleto que debía sustentar una red
capaz de extenderse rápidamente en caso de guerra y, en una segunda fase, la
reevaluación de las necesidades del gobierno británico para sus operaciones
clandestinas en el extranjero. “Se decidió preparar esas acciones
prioritariamente en los países con posibilidades de ser invadidos durante las
primeras fases de un conflicto con la Unión Soviética, aunque no [estuviesen]
sometidos aún a la dominación de Moscú.”</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>Después de la Segunda Guerra
Mundial, el oeste de Europa siguió siendo por lo tanto el principal
<EM>teatro</EM> de operaciones de la guerra secreta
británica.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>Tras la disolución del SOE, el 30 de
junio de 1956, una nueva sección designada como “Special Operations” se creó
dentro del MI6 y se puso bajo las órdenes del general de división Colin Gubbins.
Según el especialista holandés en servicios secretos Frans Kluiters, el MI6
promovía la formación de ejércitos anticomunistas secretos, “mientras que los
Special Operations comenzaban a construir redes en Alemania occidental, en
Italia y en Austria. Esas redes (organizaciones <EM>stay-behind</EM>) podían ser
activadas en caso de una posible invasión soviética, para recoger información y
realizar actos de sabotaje ofensivo”.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>Gubbins puso especial cuidado en
lograr que los efectivos se mantuvieran en Alemania, Austria, Italia, Grecia y
Turquía después de 1945. En efecto, el SOE y sus sucesores “tenían otras
preocupaciones políticas, aparte de la derrota de Alemania”. La directiva de
1945, particularmente explícita, “establecía claramente que los principales
enemigos del SOE eran el comunismo y la Unión Soviética”, ya que se consideraba
que los intereses británicos se hallaban “bajo la amenaza de la Unión Soviética
y del comunismo europeo”.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>Varios años más tarde, con la
esperanza de obtener el apoyo de la representación nacional para continuar las
operaciones clandestinas, Ernest Bevin, ministro británico de Relaciones
Exteriores, se dirigió al Parlamento el 22 de enero de 1948 para pedir con
insistencia la creación de unidades armadas especializadas destinadas a luchar
contra la subversión y las “quintas columnas” soviéticas. En aquel entonces,
sólo unos pocos parlamentarios sabían que en realidad aquella proposición ya se
estaba aplicando.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>Washington compartía la hostilidad
de Londres hacia los soviéticos. Las dos potencias trabajaban en estrecha
colaboración en materia de cuestiones militares y de inteligencia. La Casa
Blanca puso en manos de Frank Wisner, director de la Office of Policy
Coordination (OPC, el Buró de Coordinación Política de las operaciones
especiales de la CIA), la tarea de crear ejércitos secretos <EM>stay-behind</EM>
a través de todo el oeste de Europa, con la ayuda de la SOB del MI6, que dirigía
el coronel Gubbins.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>Roger Faligot y Remi Kauffer, dos
historiadores franceses especializados en servicios secretos, explican que la
Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el MI6 se encargaron primeramente de
“neutralizar las últimas unidades clandestinas de las potencias del Eje en
Alemania, en Austria y en el norte de Italia”, y reclutaron después a ciertos
miembros de las vencidas facciones fascistas, incluyéndolos en sus nuevos
ejércitos secretos anticomunistas. “Y fue así, a través del OPC de la CIA y de
la SOB del SIS, como los servicios secretos de las grandes democracias que
acababan de ganar la guerra trataron después de “reutilizar” algunos de sus
comandos contra su antiguo aliado soviético”.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>Paralelamente a la del MI6 y la CIA
y sus respectivos departamentos de operaciones especiales, la SOB y la OPC, se
estableció también una cooperación entre las Fuerzas Especiales de los ejércitos
de Gran Bretaña y Estados Unidos. Las fuerzas especiales (Special Air Service,
SAS) británicas y los Boinas Verdes estadunidenses, entrenados especialmente
para la realización de misiones secretas en territorio enemigo, realizaron de
forma conjunta un gran número de operaciones durante la Guerra Fría, entre ellas
la formación de los ejércitos secretos <EM>stay-behind</EM>. Los exoficiales de
la Marina Real Giles y Preston, que habían creado el Gladio austriaco, contaron
que los reclutas eran enviados a Fort Monckton, un edificio construido durante
las guerras napoleónicas y situado frente al mar en Portsmouth (Inglaterra),
donde se entrenaban junto a los miembros del SAS bajo la dirección del
MI6.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>Giles y Preston participaron
personalmente en aquellos ejercicios del Gladio y se entrenaron en uso de
códigos secretos, manejo de armas y operaciones clandestinas. Decimo Garau fue
uno de aquellos reclutas entrenados por el SAS británico antes de convertirse en
instructor del Centro Addestramento Guastatori, una base del Gladio italiano
situada en Capo Marragiu, en Cerdeña. “Me invitaron a pasar una semana en Poole,
Inglaterra, para entrenarme con las Fuerzas Especiales”, confirmó el instructor
Garau después de las revelaciones sobre la existencia del Gladio en 1990. “Hice
un salto en paracaídas sobre [el canal de] la Mancha. Participé en el
entrenamiento de ellos; todo se desarrolló muy bien entre nosotros. Después me
mandaron a Hereford para preparar y realizar ejercicios con los [miembros del]
SAS”.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>En aquella época, los británicos
eran los más experimentados en materia de operaciones secretas y guerra no
convencional. Sus fuerzas especiales (SAS) habían sido creadas en el norte de
África, en 1942, con la misión de golpear en profundidad detrás de las líneas
enemigas. Los más peligrosos adversarios del SAS británico eran sin duda las SS
alemanas, fundadas desde antes de la Segunda Guerra Mundial y dirigidas por
Heinrich Himmler. Como todas las fuerzas especiales, las SS eran una unidad
combatiente de elite, con sus propias insignias –portaban un uniforme negro bien
ajustado, una gorra con un cráneo de plata y una daga plateada– y convencidas de
su superioridad sobre todos los demás cuerpos del ejército regular. Sus miembros
adquirieron además rápidamente la reputación de ser “asesinos fanáticos”.
Después de la derrota de la Alemania nazi, las fuerzas especiales de las SS
fueron consideradas como una organización criminal y el tribunal de Nuremberg
las disolvió en 1946.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>Después de la victoria, el SAS
también fue desmantelado en octubre de 1945. Sin embargo, como la necesidad de
asestar golpes bajos y de realizar operaciones peligrosas iba en aumento a
medida que disminuía la influencia de Gran Bretaña en el mundo, el SAS fue
restablecido y enviado a luchar tras las líneas enemigas, específicamente en
Malasia, en 1947. Desde su cuartel general de Hereford, conocido como “la
Nursery”, el SAS preparó en el mayor secreto numerosas misiones como, por
ejemplo, la efectuada en 1958 a pedido del sultán de Omán, operación durante la
cual los miembros del SAS contribuyeron a reprimir una guerrilla marxista que se
había revelado contra la dictadura del régimen. Aquella operación garantizaría
el financiamiento del SAS en el futuro ya que, como pudo comprenderlo un oficial
del SAS, los miembros de este servicio británico probaron entonces que “podían
ser aerotransportados rápida y discretamente hacia una zona agitada y operar de
forma totalmente confidencial en un lugar apartado, una carta muy apreciada por
el gobierno conservador de la época”.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>Aunque su acción armada más célebre
sigue siendo el asalto a la embajada de Irán, en 1980, el SAS también participó
activamente en la guerra de las Islas Malvinas, en 1982. El despliegue más
masivo del SAS desde la Segunda Guerra Mundial tuvo lugar durante la guerra del
Golfo de 1991. En 1996 colaboraron nuevamente con los Boinas Verdes
estadunidenses para entrenar y equipar al Ejército de Liberación de Kosovo antes
y después de los bombardeos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte
sobre el territorio de aquella provincia, que se encontraba entonces bajo
control serbio.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>El diputado conservador Nigel West
subrayó, con toda razón, que, al igual que los Boinas Verdes estadunidenses: “El
SAS británico habría desempeñado un papel estratégico en la Operación Gladio si
los soviéticos hubiesen invadido Europa occidental”, dando así por sentada la
implicación de las SAS junto a los ejércitos <EM>stay-behind</EM> creados en
Europa. Tanto el SAS británico como los Boinas Verdes estadunidenses colaboraron
estrechamente. Fue como prueba de aquella colaboración que los miembros de las
Fuerzas Especiales estadunidenses comenzaron a portar, a partir de 1953, la
famosa boina verde, proveniente del uniforme de sus modelos británicos. El uso
de la boina verde, considerada “extranjera”, molestó a muchos altos oficiales
del ejército estadunidense.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>Fue sólo cuando el presidente
Kennedy, gran partidario de las operaciones secretas y de las Fuerzas
Especiales, lo aprobó durante una visita a Fort Bragg, el cuartel general de
dichas fuerzas, que la boina vino a ser oficialmente adoptada en Estados Unidos
para convertirse rápidamente en el emblema del más prestigioso cuerpo de
comandos del país. La admiración de los estadunidenses por el ilustre y glorioso
SAS perduró por muchos años. Los boinas verdes acostumbraban incluso a referirse
al cuartel general de Hereford como “la casa matriz”, y los oficiales formados
en Gran Bretaña gozaban de cierto prestigio a su regreso a Estados Unidos. Por
su parte, los británicos se esmeraron en mantener esa alianza, al extremo que en
1962 nombraron al comandante de los Boinas Verdes, el general de división
William Yarborough, miembro honorario del SAS.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>Lady Thatcher envió el SOE a
Cambodia donde este servicio secreto británico entrenó y dirigió a los Khmers
Rojos. Éstos masacraron entonces a 1 millón y medio de personas,
prioritariamente a los intelectuales que hablaban francés.</STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG></STRONG></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><STRONG>*Historiador suizo, especialista en
relaciones internacionales contemporáneas. Se dedica a la enseñanza en la
universidad de Basilea, Suiza</STRONG></SPAN></P></DIV></DIV>
<P></P></BODY></HTML>