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<H2 class=title><FONT color=#ff0000 size=7 face=Forte>Carta O Berro<FONT
size=3>........................................................<FONT
face="Arial Rounded MT Bold"><EM>repassem</EM></FONT></FONT></FONT></H2>
<H2 class=title><FONT size=6><IMG border=0 hspace=0 alt="" align=baseline
src="cid:4E638FDE3B3340659D0A3B8175DD4CF2@vcaixe"></FONT></H2>
<DIV class=title><FONT size=6><STRONG>(I)</STRONG></FONT></DIV>
<H2 class=title><FONT size=6>Los ejércitos secretos de la OTAN: los crímenes de
Estado</FONT></H2>
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tip="Entradas de Red Voltaire">Red Voltaire</A> </SPAN></TD>
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Global</A> </SPAN></DIV></TD></TR>
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<DIV id=stats><STRONG><FONT size=4><SPAN lang=ES-MX>La Operación
Gladio</SPAN><SPAN lang=ES-MX> al descubierto: militares y paramilitares de
extrema derecha italiana, con la anuencia de la OTAN, asesinaron a disidentes
políticos de izquierda y emprendieron acciones terroristas para justificar la
embestida militar contra la oposición. También se aliaron con la mafia para
asesinar periodistas y políticos</SPAN></FONT></STRONG></DIV>
<DIV class="entry clearfloat">
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX><SPAN id=more-4598></SPAN><BR></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX>Daniele Ganser* / Red Voltaire / </SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX>Vincenzo Vinciguerra, miembro de Ordine
Nuovo, contó como él mismo y sus camaradas de extrema derecha habían sido
reclutados para ejecutar las acciones más sangrientas con el ejército secreto
Gladio: “Avanguardia Nazionale, al igual que Ordine Nuovo, eran movilizados en
el marco de una estrategia anticomunista, que no emanaban de grupúsculos que
gravitaban en las esferas del poder, sino del poder mismo y que formaba parte de
las relaciones de Italia con la alianza atlántica”. </SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX>El juez italiano Felice Casson, investigador
del caso, se alarmó ante aquellas revelaciones. Para erradicar la
<EM>gangrena</EM> que carcomía el Estado, siguió la pista del misterioso
ejército clandestino Gladio que había manipulado la clase política durante la
Guerra Fría y, en enero de 1990, pidió permiso a las más altas autoridades del
país para extender sus investigaciones a los archivos de los servicios secretos
militares, el Servizio Informazioni Sicurezza Militare (SISMI), nuevo nombre del
SID (Servizio Informazioni Difusa) desde 1978.</SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX>En julio de aquel mismo año, el primer
ministro Giulio Andreotti lo autorizó a consultar los archivos del Palazzo
Braschi, sede del SISMI en Roma. El magistrado descubrió allí, por vez primera,
documentos que demostraban la existencia en Italia de un ejército secreto cuyo
nombre de código era Gladio, que estaba a las órdenes de los servicios secretos
militares y cuyo objetivo era la realización de operaciones de guerra
clandestina.</SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX>Casson encontró también documentos que
demostraban la implicación de la alianza militar más grande del mundo, la
Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), y de la última
superpotencia existente, Estados Unidos, en los actos de subversión así como sus
vínculos con la red Gladio y con grupúsculos terroristas de extrema derecha en
Italia y en toda Europa occidental. Para el juez Casson, el hecho de disponer de
tales informaciones representaba un peligro, cosa de la cual él estaba
enteramente consciente ya que en el pasado otros magistrados italianos que
sabían demasiado habían sido asesinados en plena calle: “Desde julio hasta
octubre de 1990, yo fui el único que sabía (de la Operación Gladio), lo cual
podía acarrearme una desgracia”.</SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX>Pero la temida desgracia no tuvo lugar y
Casson logró resolver el misterio. Basándose en los datos que había descubierto
se puso en contacto con la comisión parlamentaria que presidía el senador Libero
Gualteri, encargada de investigar sobre los atentados terroristas. Gualteri y
sus pares se inquietaron ante los descubrimientos que les comunicó el magistrado
y reconocieron que había que agregarlos al trabajo de la comisión ya que
explicaban el origen de los atentados y las razones por las cuales se habían
mantenido impunes durante tantos años. El 2 de agosto de 1990, los senadores
ordenaron al jefe del ejecutivo italiano, el primer ministro Giulio Andreotti,
“informar en 60 días al parlamento sobre la existencia, la naturaleza y el
objetivo de una estructura clandestina y paralela sospechosa de haber operado en
el seno de los servicios secretos militares con el fin de influir en la vida
política del país”.</SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX>Al día siguiente, el 3 de agosto, el primer
ministro Andreotti se presentó ante la comisión parlamentaria y, por primera vez
desde 1945, confirmó, como miembro en funciones del gobierno italiano, que una
organización de seguridad que actuaba bajo las órdenes de la OTAN había existido
en Italia. Andreotti se comprometió ante los senadores a entregarles un informe
escrito sobre aquella organización en un plazo de 60 días: “Presentaré a esta
comisión un informe muy detallado que he pedido al ministerio de Defensa. (El
informe) tiene que ver con las operaciones preparadas por iniciativa de la OTAN
ante la hipótesis de una ofensiva contra Italia y la ocupación de la totalidad
del territorio italiano o de una parte del mismo. Según lo que me han indicado
los servicios secretos, esas operaciones se desarrollaron hasta 1972. Se decidió
entonces que ya no eran indispensables. Proporcionaré a la comisión toda la
documentación necesaria, tanto sobre el tema en general como sobre los
descubrimientos del juez Casson en el marco de las investigaciones sobre el
atentado de Peteano.”</SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX>Giulio Andreotti, que tenía 71 años en el
momento de la audiencia, no era un testigo cualquiera. Su comparencia ante la
comisión le dio la oportunidad de sumergirse nuevamente en su larguísima carrera
política, probablemente sin equivalente en Europa occidental. A la cabeza del
partido demócrata cristiano (Democrazia Cristiana Italiana o DCI), que actuó
durante toda la Guerra Fría como baluarte contra el PCI (Partito Communisto
Italiano), Andreotti gozaba del apoyo de Estados Unidos. Conoció personalmente a
todos los presidentes estadunidenses y, a los ojos de muchos observadores
italianos y extranjeros, fue el político más influyente de la Primera República
Italiana (1945-1993).</SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX>A pesar de la poca duración que caracterizó
a los gobiernos de la frágil Primera República Italiana, la habilidad de
Andreotti le permitió mantenerse en el poder gracias a numerosas coaliciones
convirtiéndose así en un personaje inevitable en el Palazzo Chigi, la sede del
gobierno italiano. Nacido en Roma en 1919, Andreotti se convirtió en ministro
del Interior a los 35 años, antes de imponer un verdadero récord al ocupar siete
veces el sillón de primer ministro y obtener sucesivamente no menos de 21
carteras ministeriales, entre ellas la de ministro de Relaciones Exteriores, que
le fue confiada siete veces. Sus partidarios lo comparaban con Julio César y lo
llamaban el <EM>Divino Giulio</EM> mientras que sus detractores lo veían como el
arquetipo del tramposo y lo llamaban el <EM>Tío</EM>. Se cuenta que su película
de gángsters preferida era <EM>Goodfellas</EM>, por la frase de Robert De Niro:
“No delates nunca a tus socios y evita hablar de más”. La mayoría de los
observadores está de acuerdo en que fue su talento como estratega lo que
permitió que el <EM>Divino Giulio</EM> lograra sobrevivir a las numerosas
fechorías e intrigas del poder en las que muy a menudo estuvo directamente
implicado.</SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX>Al revelar la existencia de la Operación
Gladio y de los ejércitos secretos de la OTAN, el <EM>Tío</EM> había decidido
finalmente romper la <EM>ley del silencio</EM>. Al derrumbarse la Primera
República, al final de la Guerra Fría, el poderoso Andreotti, que no era ya más
que un anciano, fue arrastrado ante numerosos tribunales acusado de haber
manipulado las instituciones políticas, de haber colaborado con la mafia y de
haber ordenado en secreto el asesinato de opositores políticos. “La justicia
italiana se ha vuelto loca”, exclamó en noviembre de 2002 el primer ministro
Silvio Berlusconi cuando la Corte de Apelación de Perugia condenó a Andreotti a
24 años de cárcel.</SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX>Mientras que los jueces recibían amenazas de
muerte y había que ponerlos bajo protección policial, los canales de televisión
interrumpían la transmisión del futbol para anunciar que Andreotti había sido
encontrado culpable de haber encargado al padrino de la mafia Gaetano
Badalamenti el asesinato, en 1979, del periodista de investigación Mino Pirelli,
para evitar que se supiera la verdad sobre el asesinato del presidente de la
República Italiana, el demócrata cristiano Aldo Moro. La iglesia católica trató
de salvar la reputación del Divino Giulio. Ante la gravedad de los hechos, el
cardenal Fiorenzo Angelini declaró: “Jesucristo también fue crucificado antes de
resucitar”. A pesar de todo, Andreotti no acabó sus días tras las rejas. Los
veredictos en su contra fueron anulados en octubre de 2003 y el <EM>Tío</EM> fue
puesto nuevamente en libertad.</SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX>Durante sus primeras revelaciones sobre la
Operación Gladio ante los senadores italianos, el 3 de agosto de 1990, Andreotti
puso especial énfasis en precisar que “esas operaciones prosiguieron hasta 1972”
para protegerse a sí mismo de posibles repercusiones. En efecto, en 1974, cuando
era ministro de Defensa, el propio Andreotti había declarado oficialmente en el
marco de una investigación sobre varios atentados cometidos por la extrema
derecha: “Yo afirmo que el jefe de los servicios secretos descartó varias veces
de forma explícita la existencia de una organización secreta de cualquier
naturaleza o envergadura”. En 1978, Andreotti también había prestado testimonio
en el mismo sentido ante los jueces que investigaban el atentado perpetrado en
Milán por la extrema derecha.</SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX>Cuando la prensa italiana reveló que el
ejército secreto Gladio, lejos de haber sido disuelto en 1972, seguía estando
activo, la mentira de Andreotti no pudo seguir sosteniéndose. Durante las
semanas siguientes, en agosto y septiembre de 1990, contrariamente a lo que
acostumbraba a hacer, el primer ministro se comunicó profusamente con el
extranjero, trató de ponerse en contacto con numerosos embajadores y se
entrevistó con ellos. Como el apoyo internacional tardaba en llegar, Andreotti,
que temía por su cargo, pasó a la ofensiva y trató de subrayar la importancia
del papel de la Casa Blanca y de otros muchos gobiernos de Europa occidental que
no sólo habían conspirado en la guerra secreta contra los comunistas, sino que
habían participado en ella activamente. Al tratar de dirigir la atención hacia
la implicación de otros países, Andreotti recurrió a una estrategia eficaz,
aunque bastante arriesgada.</SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX>El 18 de octubre de 1990, Andreotti envió
urgentemente un mensajero del Palazzo Chigi a la Piazza San Macuto, donde
sesionaba la comisión parlamentaria. El mensajero entregó al secretario de
recepción del Palazzo Chigi el informe titulado <EM>Un SID paralelo- el caso
Gladio</EM>. Un miembro de la comisión parlamentaria, el senador Roberto
Ciciomessere, supo por casualidad que el informe de Andreotti había sido
entregado y que estaba en manos del secretario del Palazzo Chigi. Al echar un
vistazo al texto, el senador quedó grandemente sorprendido al comprobar que
Andreotti no se limitaba a proporcionar una descripción de la Operación Gladio,
sino que, en contradicción con su propia declaración del 3 de agosto, reconocía
que la organización seguía estando activa.</SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX>El senador Ciciomessere pidió una fotocopia
del informe, que le fue denegada con el pretexto que, según el procedimiento en
vigor, el presidente de la comisión, el senador Gualtieri, tenía que ser el
primero en conocer el contenido del informe. Pero el senador Gualtieri nunca
llegó a leer aquella primera versión del informe de Andreotti sobre la red
Gladio. Tres días después, cuando iba a guardarlo en su portadocumentos para
llevarlo a su casa y leerlo allí durante el fin de semana, Gualtieri recibió una
llamada del primer ministro informándole que éste necesitaba inmediatamente el
informe “para volver a trabajar algunos pasajes”.</SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX>Gualtieri sintió cierta incomodidad, pero
finalmente aceptó de mala gana devolver el documento al Palazzo Chigi, luego de
hacer varias fotocopias del mismo. Los métodos poco habituales a los que
recurrió Andreotti provocaron un escándalo en toda Italia y no hicieron más que
agravar las sospechas. Los periódicos publicaron titulares como “Operación
Giulio”, en referencia a la Operación Gladio, y entre 50 mil y 400 mil
ciudadanos indignados, inquietos y furiosos participaron, respondiendo al
llamado del Partido Comunista (Partito Communisto Italiano, PCI), en una marcha
por el centro de Roma, una de las manifestaciones más importantes de aquel
periodo, bajo la consigna: “Queremos la verdad”. Algunos desfilaron disfrazados
de gladiadores. </SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX>En la Piazza del Popolo, el líder del PCI,
Achille Occhetto, anunció a la multitud que aquella marcha obligaría al gobierno
a revelar las tenebrosas verdades que había mantenido en secreto durante tantos
años: “Estamos aquí para obtener la verdad y transparencia”.</SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX>El 24 de octubre, el senador Gualteri tuvo
de nuevo en su poder el informe de Andreotti sobre el “SID paralelo”. Dos
páginas habían desaparecido y esta versión final ya no tenía más que 10. El
parlamentario la comparó con las fotocopias de la primera versión y notó
inmediatamente que varios fragmentos sensibles sobre las conexiones
internacionales y la existencia de organizaciones similares en el extranjero
habían sido suprimidos. Además, todas las menciones relativas a la organización
secreta, que anteriormente aparecían en presente, lo cual sugería que seguían
existiendo, aparecían ahora en pasado. Estaba claro que la estrategia de
Andreotti consistente en enviar un documento y recuperarlo después para
modificarlo antes de reenviarlo de nuevo no podía engañar a nadie.</SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX>Los observadores coincidieron en que aquella
maniobra atraería obligatoriamente la atención hacia los fragmentos eliminados,
es decir, sobre la dimensión internacional del caso, lo cual tendría como
resultado que se disminuyera la culpabilidad del primer ministro. Sin embargo,
la ayuda del extranjero no llegó.</SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX>En la versión final de su informe, Andreotti
explicaba que Gladio había sido concebido en los países miembros de la OTAN como
una red clandestina de resistencia destinada a luchar contra una posible
invasión soviética. Al terminar la guerra, los servicios secretos del ejército
italiano, el Servizio di Informazioni delle Forze Armate, predecesor del SID,
había firmado con la CIA “un acuerdo sobre la organización de la actividad de
una red clandestina postinvasión”, acuerdo designado con el nombre de
<EM>stay-behind</EM>, en el que se renovaban todos los compromisos anteriores
que implicaban a Italia y Estados Unidos.</SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX>La cooperación entre la CIA y los servicios
secretos militares italianos, como precisaba Andreotti en su informe, se
encontraba bajo la supervisión y la coordinación de los centros encargados de
las operaciones de guerra clandestina de la OTAN: “Una vez que se constituyó esa
organización secreta de resistencia, Italia estaba llamada a participar (…) en
las tareas del CPC (Clandestine Planning Committee), fundado en 1959, que
operaba en el seno del Supreme Headquarters Allied Powers Europe, el cuartel
general de las potencias europeas de la OTAN (…) En 1964, los servicios secretos
italianos se integraron también al ACC (Allied Clandestine
Committee)”.</SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX>El ejército secreto Gladio, como reveló
Andreotti, disponía de considerable armamento. El equipamiento proporcionado por
la CIA había sido enterrado en 139 escondites distribuidos en bosques, campos e
incluso en iglesias y cementerios. Según las explicaciones del primer ministro
italiano, esos arsenales contenían “armas portátiles, municiones, explosivos,
granadas de mano, cuchillos, dagas, morteros de 60 milímetros, fusiles sin
retroceso calibre .57, fusiles con mirillas telescópicas, transmisores de radio,
prismáticos y otros tipos de equipamiento diverso”. Además de las protestas de
la prensa y de la población contra las acciones de la CIA y la corrupción del
gobierno, las escandalosas revelaciones de Andreotti también dieron lugar a una
verdadera fiebre en la búsqueda de escondites de armas.</SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX>El padre Giuciano recuerda el día en que los
periodistas invadieron su iglesia en busca de los secretos enterrados del
Gladio, movidos por intenciones ambiguas: “Me avisaron después del mediodía
cuando dos periodistas de <EM>Il Gazzettino</EM> vinieron a preguntarme si yo
sabía algo sobre depósitos de municiones aquí, en la iglesia. Empezaron a cavar
en este lugar y rápidamente encontraron dos cajas. Pero el texto indicaba buscar
también a unos 30 centímetros de la ventana. Así que retomaron sus excavaciones
por allí. Apartaron una de las cajas ya que contenía una bomba de fósforo. Los
carabineros salieron mientras que dos expertos abrían la caja. Todavía había
otra más, que contenía dos metralletas. Todas las armas estaban nuevas, en
perfecto estado. Nunca habían sido utilizadas”.</SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX>En contradicción con lo que el terrorista
Vinciguerra había indicado en la década de 1980, Andreotti afirmaba
insistentemente que los servicios secretos militares italianos y los miembros de
Gladio no tenían absolutamente nada que ver con la ola de atentados que se había
producido en Italia. Según Andreotti, antes de ser reclutado, cada miembro de
Gladio era sometido a exámenes intensivos y tenía que “ajustarse rigurosamente”
a la ley que regía el funcionamiento de los servicios secretos con el fin de
probar su “fidelidad absoluta a los valores de la Constitución republicana
antifascista”.</SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX>El procedimiento tenía también como objetivo
garantizar la exclusión de todo aquel que ocupara alguna función administrativa
o política. Además, según afirmaba Andreotti, la ley estipulaba que “los
elementos preseleccionados no tuviesen antecedentes penales, no tuviesen ningún
compromiso de tipo político y no participaran en ningún tipo de movimiento
extremista”. Al mismo tiempo, Andreotti señalaba que los miembros de la red no
podían declarar ante la justicia y que sus identidades así como otros detalles
sobre el ejército secreto eran secreto militar. “La Operación, debido a sus
modalidades concretas de organización y de acción –tal y como estaban previstas
por las directivas de la OTAN e integradas en su estructura específica–, debe
prepararse y ejecutarse en el más absoluto secreto”.</SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX>Las revelaciones de Andreotti sobre el “SID
paralelo” sacudieron Italia. A muchos les costaba aceptar la idea de un ejército
secreto dirigido por la CIA y la OTAN en Italia y en el extranjero. ¿Podía ser
legal una estructura de ese tipo? El diario italiano <EM>La Stampa</EM> fue
particularmente duro: “Ninguna razón de Estado puede justificar que se mantenga,
que se cubra o se defienda una estructura militar secreta compuesta de elementos
reclutados con base en criterios ideológicos –dependiente o, como mínimo, bajo
la influencia de una potencia extranjera– y que sirva de instrumento para un
combate político. No existen, para calificar eso, palabras que no sean alta
traición o crimen contra la Constitución”.</SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX>En el Senado italiano, representantes del
Partido Verde, del Partido Comunista y del Partido de los Independientes de
Izquierda acusaron al gobierno de haber utilizado las unidades de Gladio para
practicar una vigilancia territorial y perpetrar atentados terroristas con el
objetivo de condicionar el clima político. Pero el PCI estaba sobre todo
convencido de que, desde el comienzo de la Guerra Fría, el verdadero blanco de
la red Gladio no había sido un ejército extranjero, sino los propios comunistas
italianos. Los observadores subrayaban que “con ese misterioso SID paralelo,
fomentado para contrarrestar un imposible golpe de Estado de la izquierda,
estuvimos corriendo sobre todo el peligro de vernos expuestos a un golpe de
Estado de la derecha (…) No podemos creer eso (…) que ese super SID haya sido
aceptado como una herramienta militar destinada a operar “en caso de una
ocupación enemiga”. El único verdadero enemigo fue y ha sido siempre el partido
comunista italiano, es decir, un enemigo interno”.</SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX>Decidido a no asumir solo aquella
responsabilidad, el primer ministro Andreotti se presentó ante el parlamento
italiano, el mismo día que entregó su informe final sobre Gladio, y declaró: “A
cada jefe de gobierno se le informaba la existencia de Gladio”. Sumamente
embarazosa, esa declaración comprometió entre otros a los exprimeros ministros,
como el socialista Bettino Craxi (1983-1987), Giovanni Spadolini, del Partido
Republicano (1981-1982), entonces presidente del senado; Arnaldo Forlani
(1980-1981), quien era en 1990 secretario de la DCI, y Francesco Cossiga
(1978-1979), en aquel entonces presidente de la república.</SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX>Al verse de pronto en el <EM>ojo de la
tormenta</EM>, debido a las revelaciones de Andreotti, las reacciones de estos
altos dignatarios fueron confusas. Craxi afirmaba que nunca se le había
informado la existencia de Gladio, hasta que le pusieron delante un documento
sobre Gladio firmado de su puño y letra en la época en que él era primer
ministro. Spadolini y Forlani sufrieron similares ataques de amnesia, pero
también tuvieron que retractarse de sus declaraciones iniciales. Spadolini
provocó la hilaridad de todo el mundo al precisar que había que distinguir entre
lo que él sabía como ministro de Defensa y lo que le informaban como primer
ministro. Francesco Cossiga, presidente de la república desde 1985, fue el único
que reconoció plenamente su papel en la conspiración.</SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX>Durante una visita oficial en Escocia,
anunció que estaba incluso “feliz y orgulloso” de haber contribuido a la
creación del ejército secreto como encargado de asuntos de Defensa en el seno de
la DCI, en la década de 1950. Declaró que todos los miembros de Gladio eran
buenos patriotas y se expresó en los siguientes términos: “Yo considero como un
gran privilegio y una prueba de confianza (…) el haber sido escogido para esa
delicada tarea (…) Tengo que decir que estoy orgulloso de que hayamos podido
guardar ese secreto durante 45 años”. Al abrazar así la causa de la organización
implicada en actos de terrorismo, el presidente tuvo que enfrentar, a su regreso
a Italia, una tempestad política y exigencias de renuncia y de destitución por
alta traición provenientes de todos los partidos. El juez Casson tuvo la audacia
de llamarlo a comparecer como testigo ante la comisión investigadora del
Senado.</SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX>Pero el presidente, que visiblemente ya no
estaba tan “feliz”, se negó de forma colérica y amenazó con cerrar toda la
investigación parlamentaria sobre Gladio: “Reenviaré al parlamento el acta que
extiende sus poderes y, si (el parlamento) la aprueba de nuevo, reexaminaré el
texto para determinar si reúne las condiciones para presentar un rechazo
(presidencial) definitivo de su promulgación”. Como aquella amenaza no tenía
ninguna justificación constitucional, los críticos empezaron a cuestionar la
salud mental del presidente. Cossiga renunció a la Presidencia en abril de 1992,
tres meses antes del término legal de su mandato.</SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX>En una alocución pública pronunciada ante el
Senado italiano el 9 de noviembre de 1990, Andreotti subrayó nuevamente que la
OTAN, Estados Unidos y numerosos países de Europa occidental, como Alemania,
Grecia, Dinamarca y Bélgica, estaban implicados en la conspiración
<EM>stay-behind</EM>. Como prueba de sus alegaciones, reveladores datos
confidenciales fueron entregados a la prensa. La publicación política italiana
<EM>Panorama</EM> divulgó íntegramente el documento <EM>El SID paralelo- el caso
Gladio</EM>, que Andreotti había entregado a la comisión
parlamentaria.</SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX>Cuando las autoridades francesas trataron de
negar su propia implicación en la red internacional Gladio, Andreotti contestó
implacablemente que Francia también había participado secretamente en la última
reunión del comité director de Gladio, el ACC, que se había desarrollado en
Bruselas sólo unas pocas semanas antes, los días 23 y 24 de octubre de 1990,
ante lo cual, un poco incómoda, Francia tuvo que reconocer su participación en
la operación. A partir de entonces, se hacía imposible desmentir la dimensión
internacional de la guerra secreta. El escándalo no tardó en extenderse por toda
Europa occidental.</SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX>Después, siguiendo las fronteras de los
Estados miembros de la OTAN, se propagó rápidamente por Estados Unidos. La
comisión del parlamento italiano encargada de investigar sobre Gladio y sobre
los atentados perpetrados en su país concluyó: “Aquellas matanzas, aquellas
bombas, aquellas operaciones militares fueron organizadas, instigadas o apoyadas
por personas que trabajan para las instituciones italianas y, como se descubrió
más recientemente, por individuos vinculados a las estructuras de la
inteligencia estadunidense”.</SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX></SPAN></P>
<P class=MsoNormal><SPAN lang=ES-MX>*Historiador suizo, especialista en
relaciones internacionales contemporáneas; catedrático en la universidad de
Basilea</SPAN></P></DIV></DIV></BODY></HTML>