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<P align=left><B><FONT face=forte color=#ff0000 size=5>
<MARQUEE scrollAmount=20 scrollDelay=200 width=322>CARTA O BERRO.
..........repassem.</MARQUEE></FONT></B></P>
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<P class=ecmsonormal
style="MARGIN: auto 0cm; mso-outline-level: 3"><SPAN><STRONG><FONT size=5>Perú:
la sangre fluye en el Amazonas <BR></FONT><BR></STRONG><I><SPAN
style="COLOR: #0c0c0c"><STRONG>James Petras <BR></STRONG></SPAN></I><SPAN
style="COLOR: #0c0c0c"><BR><STRONG> junio de 2009
<BR><BR> A principios de junio el presidente
peruano Alan García, aliado de Barack Obama presidente de EEUU, envió blindados
de transporte, helicópteros con artillería, cientos de buques fuertemente
armados, y tropas de asalto para dispersar una manifestación pacífica y
legal, una protesta organizada por los miembros de las comunidades indígenas
de la Amazonía del Perú que rechazaban la entrada de multinacionales
mineras en sus tierras tradicionales. Decenas de indígenas fueron asesinados o
están desaparecidos, decenas han sido heridos y detenidos por la policía
peruana, mantenidos como rehenes. El presidente García declaró la ley marcial en
la región a fin de hacer cumplir su mandato unilateral e inconstitucional de
concesión de derechos de explotación de la minería a empresas extranjeras, lo
que viola la integridad de las tierras comunales de los indígenas amazónicos.
<BR><BR> Alan García no es extraño a las
matanzas patrocinadas por el gobierno. En junio de 1986, ordenó a los militares
bombardear a los prisioneros hacinados en las cárceles de la capital con cientos
de presos políticos que protestaban contra las condiciones de su encierro ,
resultando más de 400 las víctimas conocidas. Más tarde, la existencia de
siniestras fosas comunes reveló decenas más. Esta notoria masacre tuvo lugar
mientras García era el anfitrión de una reunión en Lima de la denominada
"Internacional Socialista Internacional”. Su partido político, el APRA (Alianza
Popular Revolucionaria Americana), un miembro de la «Internacional»<WBR>, se vio
ante la vergüenza de la exhibición pública de sus tendencias
"nacional-socialist<WBR>as", ante cientos de funcionarios del Partido
Socialdemócrata Europeo. Acusado en 1990 de apropiación indebida de fondos del
gobierno y dejar su cargo con una tasa de inflación de casi 8.000%, acepto
apoyar a candidato presidencial Alberto Fujimori a cambio de una amnistía.
Cuando Fujimori impuso una dictadura de en 1992, García se auto-exilió en
Colombia y más tarde en Francia. Regresó en 2001, cuando los cargos en su contra
habían prescripto y Fujimori se vio obligado a renunciar en medio de acusaciones
de crear escuadrones de la muerte y espionaje contra sus adversarios. García
ganó las elecciones presidenciales de 2006 en una segunda vuelta contra el
candidato indigenista y nacionalista ex oficial del Ejército Ollanta Humala,
gracias al apoyo financiero y a los medios de comunicación de la derecha de
Lima, los oligarcas descendientes de europeos, y las agencias de “ayuda” de
EE.UU. <BR><BR> Ya en el poder, García
no dejó dudas acerca de su programa político y económico. En octubre de 2007
anunció su estrategia de colocar a las multinacionales mineras en el centro de
su programa económico de "desarrollo"<WBR>, mientras justificaba el brutal
desplazamiento de los pequeños productores de las tierras comunales y pueblos
indígenas en el nombre de "modernizació<WBR>n".
<BR><BR> García presionó al Congreso para
aceptar el ALCA promovido por EEUU. Perú fue uno de tres únicos países de
América Latina en apoyar esa propuesta de los EE.UU., y se abrió al saqueo sin
precedentes de recursos, mano de obra, tierra y mercados por las
multinacionales. A finales de 2007, García empezó a conceder enormes extensiones
de tierras tradicionales de los indígenas en la región del Amazonas para la
explotación de la minería y la energía a multinacionales extranjeras. Esto fue
una violación del acuerdo de la OIT de 1969 que obliga al gobierno peruano a
consultar y negociar con los indígenas lo que tenga que ver con la explotación
de sus tierras y ríos. Bajo su política de "puertas abiertas", el sector
de la minería de la economía se expandió rápidamente y obtuvo enormes ganancias
a partir del récord mundial de precios de productos básicos y aumento de la
demanda de materias primas por parte de Asia (China). Las empresas
multinacionales fueron atraídas por la baja de impuestos y un prácticamente
libre acceso al agua con cánones baratos y la subvención del gobierno a las
tarifas de electricidad. La suspensión de los reglamentos ambientales en estas
regiones ecológicamente frágiles, aumenta la contaminación de los ríos, aguas
subterráneas, el aire y el suelo en los alrededores de las comunidades
indígenas. El envenenamiento provocado por las operaciones mineras, llevó a la
muerte en masa de peces y hacen que el agua no sea apta para beber. El diezmado
de bosques tropicales socava el sustento de decenas de miles de pobladores que
participan en el trabajo artesanal tradicional de subsistencia, en la
recolección forestal y las actividades agrícolas.
<BR><BR> Los beneficios de la bonanza de la
minería van principalmente a las empresas extranjeras. El régimen de García
distribuye los ingresos del Estado a sus partidarios financieros y especuladores
inmobiliarios, los importadores de artículos de lujo y la camarilla política en
la Lima fuertemente custodiada de barrios residenciales y clubes exclusivos.
Mientras los márgenes de beneficio de las multinacionales llegan a un increíble
50% y los ingresos del gobierno superan los mil millones de dólares, las
comunidades indígenas carecen de caminos pavimentados, agua potable, servicios
básicos de salud y escuelas. Peor aún, han experimentado un rápido deterioro de
su vida cotidiana porque la afluencia de capital minero provocó un aumento de
los precios de los alimentos básicos y medicinas. Incluso el Banco Mundial en su
Informe Anual para 2008 y el Financial Times de Londres, instaron al régimen de
García a hacer frente a la crisis y el descontento creciente entre las
comunidades indígenas. Delegaciones de las comunidades indígenas habían viajado
a la ciudad de Lima para tratar de establecer un diálogo con el Presidente a fin
de evitar la degradación de sus tierras y comunidades. Los delegados se
encontraron con las puertas cerradas. García sostuvo que "el progreso y la
modernidad proviene de las grandes inversiones realizadas por las
multinacionales ..., (y no) los pobres campesinos que no tienen un centavo para
invertir “. Interpretó los llamamientos al diálogo pacífico como un signo de
debilidad de los habitantes indígenas de la Amazonia y aumentó las sus
concesiones de explotación a las multinacionales extranjeras, incluso más
adentro en el Amazonas. Cortó prácticamente toda posibilidad de diálogo y
compromiso con las comunidades indígenas.
<BR><BR> La respuesta de las comunidades
indígenas amazónicos fue la formación de la Asociación Inter-étnica para el
Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP). Se celebraron protestas públicas por
más de 7 semanas que culminaron en el bloqueo de dos carreteras transnacionales.
Esto enfureció a García, quien se refirió a los manifestantes como "salvajes y
bárbaros" y envió unidades policiales y militares para reprimir la acción de
masas. Lo que García no tuvo en cuenta fue el hecho de que una proporción
significativa de los hombres indígenas en esas aldeas se había desempeñado como
conscriptos en el ejército que peleó en la guerra de 1995 contra Ecuador,
mientras que otros habían sido entrenados en la defensa de la autonomía local
por las organizaciones de la comunidad. Estos veteranos combatientes no se
dejaron intimidar por el terror del Estado y su resistencia ante los primeros
ataques de la policía resultó en bajas de ambos bandos, la policía y los
indígenas. García declaró "la guerra a los salvajes" y envió una gran fuerza
militar con helicópteros, blindados y tropas con órdenes de "tirar a matar". Los
activistas de la AIDESEP cuentan más de un centenar de muertos entre los
manifestantes indígenas y de sus familias: los indios fueron asesinados en las
calles, en sus hogares y lugares de trabajo. Se cree que los restos de muchas
víctimas han sido arrojados en las quebradas y ríos. <BR><BR>Conclusión
<BR><BR> Como era previsible el régimen de
Obama no emitió ni una sola palabra de preocupación o de protesta ante una de
las peores masacres de civiles en esta década perpetrada por uno de sus más
cercanos aliados en América Latina. García, tomando su libreto de una
conversación con el Embajador de los EE.UU., acusó a Venezuela y Bolivia de
haber instigado el "levantamiento indígena", citando como “prueba” una carta de
apoyo que el presidente de Bolivia Evo Morales envió a una conferencia
intercontinental de las comunidades indígenas celebrada en Lima en mayo. Se
impuso la ley marcial y toda la región amazónica del Perú está siendo
militarizada. Están prohibidas las reuniones y los miembros de las familias
tienen prohibida hasta la búsqueda de sus parientes desaparecidos.
<BR><BR> A lo largo de América Latina, las
principales organizaciones indígenas han expresado su solidaridad con los
movimientos indígenas del Perú. En ese país, los movimientos sociales,
sindicatos y grupos de derechos humanos han organizado una huelga general para
el 11 de junio. Temiendo la propagación de las protestas masivas, El Comercio,
el diario conservador de Lima, aconsejó a García adoptar algunas medidas de
conciliación para evitar un levantamiento urbano generalizado. Un día antes, el
10 de junio, se declaró una tregua, pero las organizaciones indígenas se negaron
a poner fin al bloqueo de las carreteras a menos que el gobierno derogue su
decreto de concesión ilegal de tierras.
<BR><BR> En el ínterin, un extraño silencio
se cierne sobre la Casa Blanca. Nuestro Presidente, el habitualmente bullanguero
Obama, experto en recitados acerca de la diversidad y la tolerancia y alabar la
paz y la justicia, no puede encontrar en su secuencia de frases preparadas, una
sola para condenar la matanza de decenas de habitantes indígenas de la Amazonía
peruana. Cuando se cometen graves violaciones a los derechos humanos en América
Latina, EE.UU. respalda a un presidente- cliente que sigue las fórmulas de
Washington de "libre comercio", desregulación de la protección del medio
ambiente y hostilidad hacia los países anti-imperialistas (Venezuela, Bolivia y
Ecuador). Obama está a favor de la complicidad, no de la condena.
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