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<P align=left><B><FONT face=forte color=#ff0000 size=6>
<MARQUEE scrollAmount=20 scrollDelay=200 width=322>CARTA O BERRO.
..........repassem.</MARQUEE></FONT></B></P>
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<DIV><FONT face=Arial size=2><STRONG><EM>........a "contribuição"da ditadura
civil-militar brasileira à tortura e o desaparecimento forçado no
Chile.</EM></STRONG></FONT></DIV>
<DIV style="FONT: 10pt arial">-</DIV>
<DIV style="FONT: 10pt arial">---- Original Message ----- </DIV>
<DIV
style="BACKGROUND: #e4e4e4; FONT: 10pt arial; font-color: black"><B>From:</B> <A
title=antonio_morales@uol.com.br
href="mailto:antonio_morales@uol.com.br">Antonio Morales</A> </DIV>
<DIV style="FONT: 10pt arial"> </DIV>
<DIV><BR></DIV>
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<H1 align=left><FONT size=3>En Chile, 5 de septiembre, 2008</FONT></H1>
<H1 align=left><EM><FONT size=4>Revelan identidades de torturadores
brasileños</FONT></EM></H1>
<P align=left><FONT size=2><STRONG>Autor: </STRONG><STRONG>MANUEL SALAZAR
SALVO</STRONG></FONT></P>
<P><STRONG>U</STRONG>na veintena de militares brasileños viajaron a Chile en los
días siguientes al golpe militar del 11 de septiembre de 1973 para interrogar a
los prisioneros de esa nacionalidad que estaban detenidos en el Estadio
Nacional. El grupo era comandado por el teniente coronel Cyro Etchegoyen, un
experto en contrainteligencia. </P>
<P>En Santiago ya estaban operando los oficiales Walter Mesquita de Siqueira y
Décio Barbosa, del Centro de Inteligencia del Ejército (CIE), y los sargentos
Deoclécio Paulo y José Mileski, pertenecientes al Destacamento de Operaciones e
Informaciones (DOI), de Río de Janeiro.</P>
<P>Estos antecedentes, hasta ahora desconocidos, son revelados por el
historiador brasileño Luiz Alberto Moniz Bandeira, en su libro <EM>Fórmula para
el caos. La caída de Salvador Allende (1970-1973),</EM> una cuidadosa
investigación que profundiza en la intromisión del gobierno de Estados Unidos en
América del Sur, como promotor de la caída de varios gobiernos democráticos,
incluyendo el de la Unidad Popular. </P>
<P>El libro será presentado el 11 de septiembre en Sao Paulo y está prologado
por el vicecanciller de Brasil, Samuel Pinheiro Guimaraes; el profesor
estadounidense Peter Kornbluh, director del Chile’s Projecto del National
Security Archive, de la Universidad George Washington; y el embajador de Chile
en Buenos Aires, Luis Maira. La edición en español ha sido preparada por la
división chilena de la editorial Random House, y es prologada por el ex ministro
socialista Jorge Arrate.</P>
<P>Moniz Bandeira cuenta en su libro que el día 12 de septiembre de 1973, el
general Augusto Pinochet envió una caravana de carros de combate para invitar al
coronel Walter Mesquita de Siqueira, agregado militar en la embajada brasileña
en Santiago, para conversar con él. Pinochet le dijo que le gustaría que Brasil
fuese el primer país en reconocer a la Junta Militar. </P>
<P>En consecuencia, el embajador Antonio Cándido Da Câmara Canto, fer-viente
partidario del golpe militar en Chile, solicitó a Itamaraty (el Ministerio de
Relaciones Exteriores de Brasil), una autorización urgente para reconocer al
régimen militar de Chile, dado que su posición “estaba internamente
consolidada”, con la excepción de un “pequeño grupo inexpresivo aún en
rebeldía”. </P>
<P>Câmara Canto, en otro mensaje, argumentó que “sería muy bien visto por la
Junta Militar y por el pueblo” que Brasil fuera la primera nación en enviarle
auxilios, dado que faltaban medicamentos, plasma, suero, algodón, etc., además
de provisiones, sobre todo harina de trigo, para la fabricación de pan, que ni
la embajada de Brasil tenía.</P>
<P>El profesor Moniz Bandeira tuvo acceso a los archivos clasificados de la
cancillería brasileña y pudo examinar cientos de telegramas enviados desde
Santiago. Entrevistó a decenas de testigos de aquella época y revisó cientos de
libros y documentos sobre los acontecimientos políticos que precedieron al
gobierno de Salvador Allende.</P>
<P>Cuenta que el embajador de Estados Unidos en Brasilia, John H. Crimmins, el
14 de septiembre, tres días después del derrocamiento de Allende, se reunió con
el canciller Mario Gibson Barbosa, para hablar sobre la situación en Chile,
manifestándole que el gobierno de Estados Unidos “se inclinaba favorablemente”
hacia la Junta Militar, pero que evitaba traducir “esta simpatía en actos
públicos y formales”. </P>
<P>Crimmins le dijo al canciller brasileño que el reconocimiento no debería
manifestarse antes de diez días, pues Washington aguardaba que otros países,
como Gran Bretaña, lo hiciesen. Recién el 24 de septiembre Estados Unidos
reconoció a la Junta Militar de Chile, junto con otros ocho países, después que
la Unión Soviética, la República Democrática Alemana y Bulgaria rompieran
relaciones diplomáticas con Chile. </P>
<P>No obstante, requerido por su embajador en Santiago, el canciller Gibson
Barbosa el mismo día 12 lo había instruido para que se reuniese con Pinochet y
le expresara que el gobierno brasileño estaba pronto a reconocer a la Junta
Militar. Câmara Canto debía señalar a Pinochet que el gobierno brasileño tenía
la decisión de “prestar toda la asistencia posible” que fuese solicitada. </P>
<P>Esa noche, cuenta Moniz Bandeira, Câmara Canto fue recibido por la Junta
Militar y el almirante Ismael Huerta, que estaba al frente del Ministerio de
Relaciones Exteriores. “Fui recibido con demostraciones de gran satisfacción y
afecto, que aumentaron al ponerlos en conocimiento de mi misión”, relató el
embajador en telegrama a Itamaraty, agregando que la Junta Militar agradecería
si el reconocimiento “fuese hecho de inmediato”.</P>
<P>El gobierno brasileño, no obstante, pidió que la Junta Militar cumpliese
ciertas “formalidades mínimas”, sin las cuales la decisión brasileña “sería
intempestiva e incluso posible de crítica”. Tales formalidades consistían en
hacer públicos, con amplia divulgación, los siguientes puntos: a) garantía de
control efectivo del territorio; b) constitución del gobierno, esto es, el
nombre de cada ministro y de cada cartera, aún interinos o no formalmente
nombrados; c) garantía de respeto a los compromisos internacionales. </P>
<P>El canciller Mario Gibson Barbosa sugirió al embajador Câmara Canto que
recomendara a la Junta Militar que solicitase el reconocimiento de otros países
y que las formalidades mínimas fuesen inmediatamente cumplidas, pues quería
hacerlo aquel día 12. La petición de Brasil se cumplió de inmediato y los
ministros de Pinochet asumieron sus carteras frente a las cámaras de TV, en
tanto que la Junta Militar declaró que serían respetados los acuerdos
internacionales. </P>
<P>También anunció que mantendría relaciones diplomáticas con todos los países,
excepto Cuba y algunos otros, cuya situación estaba en estudio. En cuanto al
control efectivo del país, a pesar de los bolsones de resistencia, la Junta
Militar, con “el estado de sitio en tiempo de guerra” y el toque de queda, ya
dominaba la situación. </P>
<P>El general Carlos Prats, entretanto, trasladado a la Vicaría General
Castrense, tuvo que desmentir, “visiblemente a disgusto” relata el autor, a
través de TV Universidad Católica la noticia procedente del exterior de que
estaba al frente de tropas, marchando sobre Santiago. </P>
<P>Esta fue la condición que la Junta Militar le impuso para concederle el
salvoconducto que solicitaba. Abatido y decepcionado, el día 15 el general Prats
se asiló en Argentina. Hortensia (Tencha) Bussi, viuda de Allende, viajó a
México, junto con su hija Isabel y cuatro nietos, después del entierro de
Salvador Allende en el Cementerio Santa Inés de Viña del Mar. No le habían
permitido siquiera ver el cuerpo de su marido. Y Beatriz Allende, casada con el
cubano Luis Fernández Oña, viajó a La Habana.</P>
<P>“(...) La alta burguesía chilena logró satisfacer su ambición de derrocar al
gobierno constitucional de Chile, usando a las Fuerzas Armadas como instrumento
de destrucción fratricida, las que -desde esas trágicas horas- pasaron a
convertirse en guardia pretoriana de la oligarquía”, registró el general Carlos
Prats en sus memorias, un hombre lúcido y honrado, recuerda Moniz Oliveira.</P>
<P><STRONG>Dinero, medicinas y asesores</STRONG></P>
<P>Escribe el historiador: “Los muertos se multiplicaban, mientras el Estadio
Nacional y otros recintos se llenaban de millares de presos, maltratados y
torturados cruelmente, y las embajadas acogían a centenares de refugiados, en
gran parte extranjeros de diferentes nacionalidades, que estaban siendo
capturados implacablemente por los militares. </P>
<P>La embajada chilena en Brasilia entregó una nota a Itamaraty, informando que
en Chile había trece mil extranjeros, la mayoría en situación irregular, y entre
ellos 1.297 brasileños”. </P>
<P>El gobierno brasileño, luego de reconocer formalmente a la Junta Militar,
mandó un avión a Chile con 20 toneladas de medicamentos y productos
alimenticios. Y, en una segunda etapa, otro avión, un Hércules C-130, en el cual
también se embarcó el coronel Herman Rojas, agregado de la Fach en Brasil,
transportando cinco toneladas de arroz y azúcar y 30 toneladas de medicamentos,
adrenalina, agua oxigenada, vendas, atropina, etc.
(...)</P></DIV></BODY></HTML>